Fantasias en el aire.
Todo comenzó cuando mi esposo y yo descubrimos que en realidad las fantasias durante el sexo nos calentaba más, a mi esposo le ponía más dura la pija y a mi, ni que decir, me provoca múltiples orgasmos quedando bien mojada.
Poco a poco las fantasias exigían lgo más. Un día mi esposo y yo decidimos darnos una escapada y nos fuimos a un motel. La sola idea de ir a un motel era exitante. En el camino mi excitación aumentaba. Durante el camino le iba tallando la pija a mi esposo que igual estaba poniéndose al cien.
Llegamos al motel. Entramos a la habitación. Tan solo entrar en automático la mente se transforma. Olvidas las decencia y el pensamiento vuela a la liberación. No esperamos más y comenzamos a darnos caricias. Uno al otro nos fuimos desvistiendo hasta quedar completamente desnudos. Mis pechos anhelantes de sentir la boca de mi esposo. La pija de mi esposo vibraba de su excitación, lo tomé entre mis manos para sentir su dureza y lo caliente que estaba mientras el con una mano acariciaba mis pechos y con otra mis nalgas, su boca recorría mi cuello y mi cuerpo se estremecía.
La sala influia en las emociones. Nos aventamos a la cama. Abrí las piernas para ofrecerme y mis esposo se abalanzó para comer mi mojada concha. Me hizo correrme. Lo jale hacia mi y puse mis piernas sobre su hombro. Su dura, caliente y palpitante pija tocó mi concha y mi cuerpo se arqueó, empezó a penetrarme y yo me sentía una zorra como todas las que seguramente habían pasado en esa habitación. Me bombeaba con fuerza, el sonido de nuestros sexos súper mojados y de sus huevos chocando mi trasero me llevaban al cielo. Luego le pedí ponerme en cuatro, es mi mejor posición, lo que me hace sentir una verdadera puta. Le digo a mi esposo que me haga su puta y me coge con ganas. Mientras me coge, imagino tener enfrente otra verga, y al tiempo que mi esposo se viene dentro de mi, imagino la otra verga venirse en mi boca, sintiendo la leche caliente en mi concha, escurriendo, y en mi cara la otra leche.
La habitación me transforma y me transporta. Me hace ser una gran zorra y me encanta. Me hace imaginar y desear fantasías, seguramente muy placenteras espero incitar a mi esposo a realizarlos en esa misma habitación.