El chico del gimnasio
Al pasar la veintena y entrar en la treintena por mi vida sedentaria ya que me dedicaba de lleno a dar clases en varios institutos, mi cuerpo el único ejercicio que recibía era el de las largas caminatas o corridas para llegar a tiempo a cada uno de esos institutos. Un amigo con el cual me encamaba periódicamente vio la panza que se me estaba desarrollando en demasía y comenzaba a colgar hacia abajo de una forma muy fofa y desagradable, por eso …