Relatos eróticos de Fetichismo
Después de una fiesta siempre llega la parte del sexo
Después de aquella noche, con las amigas de mi novia… todo fluyó entre Aitziber y yo… nos pusimos a vivir juntos.
A ella le encanta mi fetichismo de pies, y yo amo sus perfectos pies, delgados y hermosos.
Un día llegamos de una fiesta, como a las 4am, Ella estaba agotada de tanto bailar y joder conmigo, así que montó sus pies con sus tacones azules puestos, de esos de tacón fino, sobre la mesa de la sala… yo la miraba desde el otro mueble – ¿Qué? – me dice – Amo tus tacones, tus tobillos… te amo a ti – le digo, ella sonríe y me responde – No te voy a prestar mis tacones – y comienza a reírse – ¿Puedo quitártelos? – le pregunto – El único autorizado para eso, eres tu – me dice, todo se queda en silencio, mientras sostenemos miradas – Así estén sudados, me los quiero comer – le digo – mmm no importa que me huelan? o estén sucios? o estén muy sudados?… ¿Quieres jugar con ellos así? – la miro y le respondo – A ti no te tengo asco, eres una mujer que se cuida mucho; besaría tus pies como estén – ella se ríe y me dice – Amo eso de ti… ¿Comienzas hoy o mañana? – me pregunta, me levanto y agacho frente a la mesa y empiezo con el juego…
Me acerqué y con mi boca, le fui jalando la correíta del tacón, quitándole el seguro, lo tome con mis manos y se lo jalé… su pie estaba sudado, rojizo y con un olor sabroso… ese aroma delicioso. Comencé a besárselo y ella a morderse los labios, le pasé la lengua entre sus dedos y luego se los soplé – Uy qué rico – me dijo, le quité el otro tacón lentamente y le besé desde su talón hasta sus deditos… me los fui comiendo a besos lentamente, mientras ella empezaba a sentirse muy bien – me tienes sudando – me dijo, me puse de pie, y la alcé en brazos, y la llevé a la habitación, ahí le fui besando desde su pie hasta sus rodillas… acariciándola, ella también comenzó a acariciarme con sus pies, y a calentar el ambiente. Intentaba dominarme con sus pies, pero ante cada intento, yo le mordía sus piecitos…
Fui subiendo con mis manos, explorando la belleza de su cuerpo, ese olor a perfume y sudor, a discoteca y alcohol… le fui besando y soltando su vestido, ella hacía lo mismo con mi camisa, seguí subiendo hasta su cuello y después solté su cabello mientras probaba sus labios… fue la madrugada, por allá se escuchaba un gallo cantar… y ella y yo, devorándonos poco a poco…
Al final, me dijo – Estas cosas, deberían de ser relatadas en un libro o en internet Kv.